<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/7344769386092085090?origin\x3dhttp://thecircusisintownblog.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

viernes, 28 de septiembre de 2007

Correspondencia

Querido Xero:

Acabo de llegar al otro extremo del mundo, un lugar que, tarde o temprano, tendré que aceptar como mi hogar.

Cualquier destino me es indiferente. Cualquier sitio es bueno para sentarse y fumarse un cigarro, de no ser porque hace tres semanas que no sale el sol (desde que llegué no paró de llover). Y porque no tengo cigarros. Y porque no fumo.

Como bien sabes, el motivo de mi viaje es meramente profesional, desde que me echaron del hospital al descubrir que no tengo la licenciatura de medicina, tuve que emigrar a este sórdido país, donde sí aceptan médicos como yo, y no les cuestionan sus técnicas propias como operar con una cuchara de palo.

¿Qué si da dentera? Hombre, pues si, bastante, pero solo tengo dos cucharas: una de metal y una de palo, y no pienso servirme el helado con la de palo, porque no me gusta el helado.

Mi nueva casa es muy acogedora, aunque la casera me obligue a vivir con un gato. Una gata más concretamente. Una gata que defeca con asombrosa asiduidad. Asombrosa, en serio. Asombrosa incluso para mí, y recuerda que soy médico y he visto de todo, (porque tengo el Discovery Channel), aunque el colegio de medicina diga lo contrario (de que soy médico, no de que tenga el Discovery Channel, sobre eso no se han pronunciado ¡faltaría más!). Yo digo que los del colegio de medicina son dinosaurios. Ya estamos empate. ¿Quién tiene más razón? Pues probablemente ellos. ¿Y acaso eso los hace más creíbles que yo? Pues probablemente sí.

Por cierto, no quería dejar pasar esta oportunidad de preguntarte que tal sigue tu madre. Después de que aquel tren la atropellara a más de doscientos kilómetros por hora, nunca volvió a ser la misma. Recuerdo perfectamente aquel momento cuando la levantamos del suelo y exclamó: “alguna hostia también se ha llevado él”. Para ser nonagenaria tenía mucha energía. Y muchos perros. Setenta y ocho perros tenía. Todos iguales. Recuerdo que una vez le robé uno y se dio cuenta. ¿Siguen bien todos? Bueno, los setenta y siete que le quedaban. El que le robé se me murió. Fue un accidente. Si llego a saber que la chimenea estaba encendida no lo hubiera metido dentro. O al menos no tanto tiempo. Ni le hubiera propinado aquellos quince balazos. Pero no es bueno que me torture por ello. Cualquiera comete un error. Como las veinte puñaladas que le dí. O el tirarle piedras a la cabeza. Repetidas veces.

Con respecto a la deuda que tengo pendiente contigo, no te preocupes que te la pagaré poco a poco. De hecho iba a meter 50 euros en el sobre, pero ya lo he cerrado.

Bueno, saludos y te dejo, que tengo al cartero aquí esperando de hace largo rato a que termine. Lo he entretenido con una torrija de mentira, pero no tardará en darse cuenta que es solo una madeja de lana con un duro de Franco pegado.

Recuerdos desde la otra esquina del mundo, tu amigo, Willy the Bee

Etiquetas:

2 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio