Correspondencia II
Babia, 24 de Octubre de 2007
Querido Xero:
Compruebo, por la mordaz prosa de su anterior carta, que sigue usted sin perdonarme que le ganara aquella partida de ajedrez. Pero, ¡por amor de Dios!, ¿Cómo no iba a ganar a una persona que se comió a su propia reina? Literalmente, además. Y luego hablaba mientras se la comía, escupiendo trozos de marfil, o de dientes, ¿quién sabe? Porque usted, querido amigo, siempre tuvo los dientes muy amarillos.
Usted jugaba a blancas.
De ahí su posdata. Desde aquel fatídico día, sigue usted repitiendo una y otra vez la misma partida mentalmente, da igual que nadie juegue con usted. Es más, hay quien asegura que en las noches cerradas o de tormenta, usted no descansa bien y habla en sueños, y se le escucha decir “alfil a C7”. Claro que también aseguran que se le escuchan otro tipo de oraciones como “le haría el amor a Maria Teresa Campos”, “¿Qué hace este cura en mi casa con su flamante coche nuevo?” y “Robo farmacias porque ellos me roban a mí”.
Ya que pregunta usted por la Jenny, le contaré que se fue con viento fresco el día que se le cruzó un buen chico (o no, eso nunca lo sabemos, ¿verdad?). Los primeros días quizá sí sentí un vacío en mi interior que solo unas tortitas como ella sabía hacer hubieran llenado, pero en el momento en el que me di cuenta que no perdí una mujer, sino que gané un mundo, corrí despavorido hacia la puerta, para colocar delante de ella el piano de cola, con el fin de que nunca pudiera abrirla para volver.
Resultó que la puerta se abría hacia fuera. Llámelo capricho del destino si quiere.
Así que andamos en vilo.
Con respecto a lo de la parálisis, me encuentro mucho mejor. Gracias por preguntar. La sonrisa medio torcida aún la conservo. Los médicos creen que son secuelas, pero en realidad, es cosa mía. Tal y como ha transcurrido la vida, no me atrevo a sonreír del todo. Las parálisis duelen más cuando son en el alma, créame. Además, cuando uno sonríe abiertamente, sale como un idiota en las fotografías.
Bastante tengo con parecer un idiota en la vida real.
Como ya le expliqué en mi anterior carta, he tenido que exiliarme del pasado. Creí haberme escapado de él, salí de mi casa, salí de mi calle, crucé el ecuador, llegué a este mohoso lugar, y al abrir la maleta, allí estaba él. Y me ha seguido, y ahora está junto a mí, leyendo estas líneas por encima de mi hombro, fumándose un cigarro, echándome el humo a la cara, e intuyo que nunca se va a ir.
Ahora se ha molestado por lo que he escrito y se ha ido dando un portazo. Se hace el molesto, pero en realidad se ha ido a ver “Muchachada Nui” que estará empezando ahora. Es el único momento en el que me deja tranquilo.
Además, es curioso, porque se lleva muy bien con la gata.
Será porque los dos son unos hijos de la gran puta.
Querido Xero:
Compruebo, por la mordaz prosa de su anterior carta, que sigue usted sin perdonarme que le ganara aquella partida de ajedrez. Pero, ¡por amor de Dios!, ¿Cómo no iba a ganar a una persona que se comió a su propia reina? Literalmente, además. Y luego hablaba mientras se la comía, escupiendo trozos de marfil, o de dientes, ¿quién sabe? Porque usted, querido amigo, siempre tuvo los dientes muy amarillos.
Usted jugaba a blancas.
De ahí su posdata. Desde aquel fatídico día, sigue usted repitiendo una y otra vez la misma partida mentalmente, da igual que nadie juegue con usted. Es más, hay quien asegura que en las noches cerradas o de tormenta, usted no descansa bien y habla en sueños, y se le escucha decir “alfil a C7”. Claro que también aseguran que se le escuchan otro tipo de oraciones como “le haría el amor a Maria Teresa Campos”, “¿Qué hace este cura en mi casa con su flamante coche nuevo?” y “Robo farmacias porque ellos me roban a mí”.
Ya que pregunta usted por la Jenny, le contaré que se fue con viento fresco el día que se le cruzó un buen chico (o no, eso nunca lo sabemos, ¿verdad?). Los primeros días quizá sí sentí un vacío en mi interior que solo unas tortitas como ella sabía hacer hubieran llenado, pero en el momento en el que me di cuenta que no perdí una mujer, sino que gané un mundo, corrí despavorido hacia la puerta, para colocar delante de ella el piano de cola, con el fin de que nunca pudiera abrirla para volver.
Resultó que la puerta se abría hacia fuera. Llámelo capricho del destino si quiere.
Así que andamos en vilo.
Con respecto a lo de la parálisis, me encuentro mucho mejor. Gracias por preguntar. La sonrisa medio torcida aún la conservo. Los médicos creen que son secuelas, pero en realidad, es cosa mía. Tal y como ha transcurrido la vida, no me atrevo a sonreír del todo. Las parálisis duelen más cuando son en el alma, créame. Además, cuando uno sonríe abiertamente, sale como un idiota en las fotografías.
Bastante tengo con parecer un idiota en la vida real.
Como ya le expliqué en mi anterior carta, he tenido que exiliarme del pasado. Creí haberme escapado de él, salí de mi casa, salí de mi calle, crucé el ecuador, llegué a este mohoso lugar, y al abrir la maleta, allí estaba él. Y me ha seguido, y ahora está junto a mí, leyendo estas líneas por encima de mi hombro, fumándose un cigarro, echándome el humo a la cara, e intuyo que nunca se va a ir.
Ahora se ha molestado por lo que he escrito y se ha ido dando un portazo. Se hace el molesto, pero en realidad se ha ido a ver “Muchachada Nui” que estará empezando ahora. Es el único momento en el que me deja tranquilo.
Además, es curioso, porque se lleva muy bien con la gata.
Será porque los dos son unos hijos de la gran puta.
Poco más por aquí: El Babia F.C. ha vuelto a perder, sigue sin dejar de llover, he descubierto una incipiente gotera en el baño, la cual portaba orgullosamente una sepia, y el flexo parpadea demasiado como para seguir escribiendo.
Espero su respuesta.
Atentamente, su siempre amigo, Willy the bee
Atentamente, su siempre amigo, Willy the bee
Etiquetas: correspondencia



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