<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/7344769386092085090?origin\x3dhttp://thecircusisintownblog.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

domingo, 18 de noviembre de 2007

La habitación de Balbec

<<Nuestra atención es la que pone los objetos en un cuarto; el hábito es el que los quita y nos hace sitio. Para mí no había sitio en mi habitación de Balbec (mía solo de nombre); estaba llena de cosas que no me conocían, que me devolvieron la desconfiada mirada que les eché, y que, sin hacer caso alguno de mi existencia, denotaron que yo venía a estorbar la suya, tan rutinaria.

El reloj –en casa ya no oía el reloj más que unos cuantos minutos cada semana, tan solo cuando salía de una profunda meditación- siguió sin interrumpirse un instante, diciendo en desconocido idioma frases que debían de ser muy poco amables para mí, porque los cortinones color de violeta le escuchaban sin contestar nada, pero en actitud semejante a la de una persona que se encoje de hombros para indicar que le molesta la vista de un tercero(…)

Atormentábame la presencia de unos estantes con vitrinas que corrían a lo largo de las paredes; pero, sobre todo, había un gran espejo atravesado en medio de la habitación, cuya desaparición sería necesaria para que yo pudiese tener algún descanso.

A cada momento alzaba la vista –que en mi cuarto de París no se sentía incomoda, al igual que no se sentía incómoda por mis propias pupilas, porque no eran aquellas cosas sino anejos de mis órganos, una ampliación de mi persona- hacia el techo sobrealzado de aquella torre de lo alto del hotel (…) y como no tenía alrededor ningún universo ni habitación alguna, como no tenía sino un cuerpo amenazado por los enemigos que me cercaban, invadido hasta los huesos por la fiebre, me sentí solo, tuve deseos de morir.>>

Marcel Proust, "En busca del tiempo perdido" ("A la sombra de las muchachas en flor", Ed. Gallimard, 1919)

Etiquetas:

1 comentarios:

  • A las 18 de enero de 2008 a las 10:49 , Anonymous Anónimo ha dicho...

    eiss tu!!
    A ver si t inspiras y actualizas esto un poquillo ,que sigo esperando la continuacion de el heroe akel desastroso,

    cuando te decia que estaba enganchada a la historia no era mentira :P

     

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio